"Los que esperan en el señor...levantarán alas como las águilas.." Isaías 40:31

JUANA III  DE  ALBRET,  REINA  DE  NAVARRA

 Es una de las joyas de nuestra historia; nació en Navarra, en 1528 y falleció en 1572, en París. Nieta de los últimos reyes de la Navarra española, era la única hija del último rey de la Navarra francesa.

Su madre fue Margarita de Angulema, hermana del rey de Francia, Francisco I y reina de Navarra, cuyas inquietudes espirituales la llevaron a convertir su corte en un centro de difusión de ideas de la Reforma y a proveer refugio a los protestantes que huían de la persecución de su hermano. Uno de ellos fue el famoso reformador Juan Calvino. Margarita escribió una obra que, para los inquisidores, rezumaba protestantismo por todos sus poros.

. En 1548, Juana se casó con Antonio de Borbón, antecesor del rey Juan Carlos I. Ambos se identificaron con la Reforma y sus territorios se convirtieron en zonas de acogida para numerosos refugiados protestantes. Tuvo a su servicio, como profesor de español para su hijo Enrique I, futuro rey de Francia, al reformador Antonio del Corro, un ex fraile del monasterio de San Isidoro de Sevilla, de donde salió con otros Jerónimos, los futuros primeros traductores de la Biblia al castellano, Casiodoro de Reina y Cipriano de Valera, para librarse de los inquisidores. Éstos quemaron su efigie en 1562 y le metieron en el “Indice de libros prohibidos”, como autor de primera clase.

Juana abrazó la Reforma Protestante en 1560 y escribió en sus Memorias: “Dios, por su Gracia, me ha retirado de la idolatría y estoy muy dichosa por haberme recibido en su Iglesia”. Aceptó la Palabra de Dios en su mente, la predicó en sus territorios, la enseñó a sus hijos y la bordó en su bastidor, reproduciendo así muchas escenas bíblicas. Su fe impregnó su política y editó textos legislativos que promovieron y sostuvieron la predicación de los pastores protestantes en sus territorios.

Cuando fue llamada a Roma, a volver a la disciplina del Papa, frente a las acusaciones de disturbios causados por sus predicadores, respondió: “Dicen que nuestros predicadores crean disturbios. Eso es precisamente lo que Acab dijo a Elías. Lea el primer libro de los Reyes, capítulo18… yo oro…para que Vd. pueda volverse a un verdadero arrepentimiento y en un verdadero pastor y no en un asalariado”.

Fue muy criticada por su fe y por llevar evangelistas y predicadores, profesores y teólogos para que la predicación del Evangelio fuese realizada en cualquier rincón de su reino y al mejor nivel posible. En uno de los reglamentos que promulgó, llamó “a todos los ministros a predicar y a hacer oraciones en todos los lugares y plazas del reino, prohibiendo a toda persona que se lo impida”.

Llamó también a los padres a instruir en el Evangelio a sus familias, auspició y promovió la traducción del Nuevo Testamento al vasco.

Carmen Aparicio

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