En menos de 24 horas he recibido dos palabras del Señor: “Guardará” y “Sígueme”.* En el Salmo 121, Él me hablaba de que me guardará siempre. Es mi Padre. En Mateo 9:9, Jesús le dijo a Mateo que lo siguiera, y Mateo, sin pensarlo, lo siguió. Cuando recibí estas dos palabras, mi corazón saltó de alegría; sentía que me ardía. *Esa era la voz de mi Amado*. Me dice que lo siga, y Él me guardará de todo mal. Todo esto se resume de forma más completa en un solo versículo: *Romanos 8:28* _“Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.”_ Cada momento —sea bueno o una batalla que parece arrastrarte al fondo del mar— *Dios lo usa para glorificarse.* Él no es egoísta. Como dice *Isaías 26:3* _“Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado.”_ Él prometió que, si estamos con Él, nos dará paz y sabremos llevar el timón del barco, *siempre y cuando lo llevemos con Él*. Pero hay algo más: si te das cuenta, en medio de esa batalla creces, como un bebé que aprende a caminar. Hay algo en ti que se vuelve más sabio. Todo depende de la disposición y la confianza que tengas en el Señor. Me recuerda a un ciego: usa sus oídos y la vara que lleva en la mano para llegar a su destino. *Así somos nosotros en este mundo: ciegos, pero guiados por la voz de Dios.* Tenemos que confiar en Él para que nos guíe. *Él guarda tu alma, transforma tus caminos y cumple su propósito en ti.
Arianna
