"Los que esperan en el señor...levantarán alas como las águilas.." Isaías 40:31

Yo sé que mi Redentor vive

Éste fue el texto que mi padre escogió para la tumba de su hijo Eduardo, de 19 años. Eduardo estaba tomando una taza de café con mi madre cuando llegó a casa un conocido insistiéndole que fuera con él a probar su coche, que lo había preparado con un motor de carreras. Eduardo no tenía ganas de acompañar a ese chico, pero mi madre le animó. Eduardo nunca volvió.

El vehículo volcó contra una farola, que aplastó su cabeza.

Mi padre se hacía el fuerte delante de mi madre y de nosotros seis. Él era un empresario y también pastor evangélico, pero muy comprometido con la educación de sus hijos.

En una ocasión, entré en su despacho sin llamar, yo tenía 11 años, y le pillé sollozando como un niño.

Recuerdo que algunos conocidos hablaban sin saber bien lo que decían: “Emilio, aún te quedan otros seis”. ¡Nada ni nadie puede reemplazar la vida de un hijo!

Estos días hemos visto las calles de España repletas de gente para ver al Cristo de la buena muerte. Lamentablemente, pocos de ellos pueden decir como Job: “Yo sé que mi Redentor vive, y que al fin se levantará sobre el polvo, y después de desecha esta mi piel, en mi carne he de ver a Dios; al cual veré por mí mismo, y mis ojos lo verán,  y no otro, aunque mi corazón desfallece dentro de mí” (Job 19:25-27).

No hay mayor consuelo para una persona que experimentar el poder de la resurrección y saber a ciencia cierta que nuestro Redentor vive. Mi padre, al igual que lo había hecho Job cuando recibió la noticia de la muerte de sus hijos, se refugió en Dios.

No nos quedemos sólo con el maravilloso sacrificio que hizo Jesús por nosotros en la cruz y con el inmenso amor del Padre que entregó a su único Hijo, al cual tuvo que abandonar para poder acogernos a nosotros. Pablo nos advierte de que, si no creemos en la resurrección de Cristo, nuestra fe no sirve para nada.

¡¡Sólo Cristo salva, porque sólo Él venció a la muerte!!

Carmen Aparicio

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